La pandemia, una vacuna contra el liderazgo. Entrevista con Carlos Alberto Patiño acerca del conocimiento como herramienta de poder

Author: erincon Fecha:Julio 06, 2020 / Etiquetas: Pandemia, Covid19, Mundo, política, Ciencia

Por Camilo Molina

 

La pandemia ha dejado en evidencia el papel de las naciones líderes y cuáles son las prioridades en una situación de crisis. La búsqueda de la vacuna no parece ser una carrera para salvar vidas, sino para que un país cruce la meta antes que otro y utilice ese nuevo poder de curar para ejercer su dominio geopolítico. Colombia, un simple espectador repleto de riquezas. 

 

 

Pregunta. ¿Qué tanto necesita un país, una región del mundo, gozar de una buena salud en el área científica y tecnológica?, ¿aporta en su influencia de liderazgo?, Justo en este momento, en medio una pandemia, ¿toma otra relevancia?

 

Respuesta. Exactamente, la inversión en el sector científico tecnológico si tiene un impacto directo en el papel de liderazgo de los Estados a nivel global.

 

A través de esta conversación con Carlos Alberto Patiño, Doctor en filosofía y profesor titular de la Universidad Nacional, Todo es Ciencia me encargó indagar acerca de la capacidad que tiene el conocimiento para ser usado como estrategia de liderazgo. La idea fue tomar este asunto desde una perspectiva global y adaptarlo, por supuesto, a la situación actual de la pandemia.

 

Durante estos meses de aislamiento, las noticias internacionales se han mantenido constantes en cuanto a los esfuerzos que se realizan en países de otras latitudes por encontrar el tratamiento o la vacuna definitivos contra el virus. Laboratorios en Estados Unidos, China, Reino Unido, Alemania y otros países con alto desarrollo científico marcan un cabeza a cabeza por conseguir algo que, de alguna forma, parece exceder la trascendencia de salvar vidas y, en cambio, luce como un premio de popularidad de carácter planetario.En esta especie de competencia, en la que juegan, además, condiciones políticas y culturales, participan aquellas naciones que hacen de la producción del conocimiento una estrategia de liderazgo.

 

 

P. Ese conocimiento, esa búsqueda, ¿parece estar relacionada, más que nada, con lo científico, lo médico, con lo tecnológico?

 

R. La ciencia es como el lenguaje universal, es un lugar en el que la humanidad se encuentra y, si algo ha dejado claro la pandemia, es que ese lenguaje unió a la opinión pública; la ciencia tiene ese carácter de conocimiento compartido, es un papel muy importante.

 

P. Pero justo ahí es donde podríamos hablar de los mecanismos que hacen posible esa producción de conocimiento, del científico, en este caso. ¿Qué hace falta para que se convierta en una realidad?

 

R. Estas disciplinas se desarrollan fundamentalmente a partir de la financiación pública. En Colombia, por ejemplo, llevamos algún tiempo pensando que la ciencia es un problema de los países desarrollados o un asunto del sector privado y, en realidad, la ciencia es un problema público, porque beneficia directamente a los ciudadanos. La ciencia asume como problemas científicos los retos mismos de la sociedad. 

 

P. ¿Parece una cuestión que asumen los países más avanzados?

 

R. Correcto, los Estados esperan posicionamientos estratégicos a partir de ese conocimiento. En la medida en que un país hace un esfuerzo importante en sumar investigadores y en financiar proyectos científicos, suma desarrollo de patentes, desarrollo de innovaciones, y eso lleva a un impacto directo en la economía y en el poder; obviamente, uno de los principales sectores de financiación y movilización científica es el militar.

 

P. Muchas de las novedades tecnológicas que encontramos en nuestros propios hogares, tuvieron un origen de aplicación militar.

 

R. Y a su vez, los sectores militares suelen beneficiarse fuertemente de todas las innovaciones científicas. De hecho algunos países como Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Alemania, Japón o Francia, tienen grupos de investigación científica muy importantes dentro de sus propios ejércitos y esto les da una supremacía enorme frente a ese tipo de condiciones.

 

¿Cuándo estará lista la vacuna? Es una de esas preguntas esenciales en el catálogo de dudas reciente. Es tan relevante que al momento de leerla, no ha tenido usted la necesidad de ver escrita la famosa conjugación COVID-19 o su resumen más común, acaso más cómodo, coronavirus; quizás, su respuesta, compartida por muchos alrededor del planeta, sea un “espero que esté lista lo más pronto posible”. Sin embargo, existe una pregunta que debería ser tan importante que el cuándo y es el quién. En las noticias se habla de Estados Unidos o China, y que si no es el uno, será el otro, con un viceversa constante. La respuesta para ese interrogante conlleva a un trasfondo geoestratégico, en donde la cosa se hace un poco más compleja.

 

P. Carlos Alberto, ahora mismo, laboratorios estatales y privados por todo el mundo están trabajando por encontrar una solución a la crisis, pero en el discurso de fondo parece que se busca algo más que salvar vidas.

 

R. Es la gran competencia geopolítica; la va a ganar el que logre dar una respuesta médica y sanitaria más importante, además de tener la fortaleza financiera para sobrevivir y generar empleo a mediano plazo. Todo esto tiene que ver, fundamentalmente, con el uso de la ciencia y de la medicina como una especie de instrumento diplomático. Ahora mismo,  es difícil de prever quién asumirá ese papel como proveedor de la vacuna, pero también con quién se realice la recuperación económica, quién será el acreedor de los más necesitados para reactivar la economía y eso, traerá un efecto geopolítico realmente complejo.

 

P. Pero el liderazgo, ahora y después, no sólo será un asunto científico y financiero.

 

R. Algunos dirán que tiene que ver con el liderazgo intelectual, cultural y sí, en efecto, esos liderazgos marcan un papel de fondo, pero, realmente, es en los momento de crisis donde los conocimientos sirven para tomar decisiones, son los que, en últimas, marcan el conjunto de liderazgos. Aquel que logre tener un liderazgo científico y tecnológico, balanceado con el liderazgo intelectual y cultural, será quien pueda generar estrategias para ponerse enfrente.

 

 

P. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país rompía relaciones indefinidamente con la Organización Mundial de la Salud.

 

R. En las últimas dos o tres décadas, sobre todo en los gobiernos republicanos, los presupuestos de ciencia se rebajaron muchísimo. En ese sentido apareció un problema de fondo complejo, y es que la respuesta de la capacidad científica no ha sido la que se esperaba de un país con el desarrollo de Estados Unidos. Además no ha ejercido liderazgo, ha renunciado a ejercerlo a través de hechos tan concretos como la crítica de Trump a la OMS y su posterior desfinanciación; no ha establecido un punto de colaboración con los demás países y, por ejemplo, prohibió la exportación de respiradores y material médico; sólo para verse atrapado, porque este país depende de China e India para producir sus medicamentos y ahora tiene, digamos, una minusvalía industrial desde el punto de vista médico.

 

P. La postura de Estados Unidos no ha sido clara con respecto a la eventualidad de que alguno de sus laboratorios encuentre una solución.

 

R. Hace unas semanas Moderna Therapeutics hacía anuncios ambiguos, pero son ellos los que aparentemente tendrían más rápido una solución en este proyecto de la vacuna en los Estados Unidos. En esa medida aparece un elemento complicado y es que no es claro lo que sucedería en ese contexto; me refiero a cómo podría darse la condición de un liderazgo frente a una actitud egoísta como la de encerrar la vacuna y, quizás, convertirla en un negocio durante un momento de crisis.

 

Para el 18 de marzo, los periodistas Steven Lee Myers y Alissa J. Rubin, del New York Times escribían, desde Pekín, un artículo que ilustraba cómo China, con un marcado descenso de casos de contagios y muertes por la pandemia, comenzaba a enviar aviones cargados de suministros médicos hacia Europa. Dos meses y medio después, la COVID-19 ha causado contagios por millones y muertes por centenares de miles en todo el mundo y, aunque se le cuestiona al país asiático por las dudas en su primera reacción contra el virus, sus aviones están llegando ahora a todos los continentes. En el artículo, Myers y Rubin hacían énfasis sobre la condición geoestratégica de algunos países en estos tiempos de crisis. Casi dos meses después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacía el anuncio de un programa llamado “Operación Velocidad Warp”, que convoca a sectores de la ciencia y la industria en un esfuerzo que promete una vacuna antes del fin de año. Tres días después, el 18 de mayo, durante la Asamblea General de la OMS, el presidente de China, Xi Jinping, anunciaba que, de conseguir una vacuna efectiva, la misma sería un bien público mundial. En un artículo, el pasado 31 de mayo, Manuel Ansede y Artur Galocha, dos periodistas de El País de España, hacían un escaneo sobre las dificultades históricas a las que se enfrenta la humanidad, cuando ha tratado de buscar la vacuna contra una enfermedad; ellos indican que actualmente hay 125 proyectos de vacuna y 10 se encuentran en periodo de prueba en humanos en Estados Unidos, China y Europa. 

 

P. Desde algunos países asiáticos nos llegan diferentes ejemplos de éxito acerca de cómo sus sociedades se plantaron frente a la pandemia. Por ejemplo Vietnam o Corea del Sur. ¿Ese comportamiento los convierte en una especie de líderes frente a otras naciones?

 

R. Si, hay un reconocimiento muy fuerte de parte de muchos países sobre lo que se ha hecho en Vietnam. Por otro lado, Corea del Sur, y especialmente Japón, están ahora mismo en una condición de reapertura de sus economías, como no lo ha hecho nadie en el mundo occidental. Este reinicio de sus economías tiene que ver exactamente con el uso de su conocimiento como una estrategia de liderazgo pero, dentro de ese conocimiento, está el uso de herramientas tecnológicas. En otros países como Vietnam o China, viene un debate más complejo, y es el tema de los derechos y las libertades civiles y de cómo se conciben y se usan en un momento determinado.

 

P. Las reacciones de Italia y España no fueron efectivas en este caso. ¿Qué sucedió allí?

 

R. Esto tiene que ver en cómo los Estados lograron organizar o tener correspondencia con sus ciudadanos, me refiero a una sociedad que se vuelve corresponsable con los actos. En casos como los de España e Italia, observamos que la población solo se vino a comportar bien cuando los gobiernos tomaron posiciones demasiado estrictas, algo totalmente distinto al caso de Japón. Repito que los casos de China y Vietnam no son muy claros, porque se trata de estados autoritarios cerrados. En el caso de Corea del Sur, se destaca fuertemente todo el papel asociado a la perspectiva de la disciplina social y todo esto se refiere a cómo las sociedades asumen sus responsabilidades en momentos de crisis. En el mundo occidental esto deja mucho que desear, a excepción de los nórdicos que suelen ser bastante disciplinados.

 

Por supuesto que nadie estaba preparado para un evento así. Circulan los memes, los chistes y las bromas sobre los grandes planes que tenía la gente para el comienzo de la década, quizás, por qué no, se venían agitando nuestros locos años 20 y, probablemente, esa fantasía aún esté en camino, pero este arranque no ha sido muy prometedor, sobre todo si los países que lideran la búsqueda de una vacuna se encuentran tan perdidos como al principio. A esto se suma que es un año de elecciones en Estados Unidos y los ojos del mundo estarán pendientes, ansiosos y saltando dentro de sus cuencas por la expectativa que genera la posibilidad de una reelección del actual mandatario.

 

P. Justo antes de la pandemia, el mundo ya se encontraba en un contexto de crisis por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Ahora las dos cosas se juntaron y estamos en el año en que Donald Trump va en busca de la reelección.

 

R. Lo que pone en evidencia esta crisis es hasta dónde el liderazgo y el poder, que algunos llamaron hegemónico a nivel mundial de Estados Unidos, pues realmente no lo es. Obviamente lo que se ha mostrado es que China ha cortado pasos muy grandes y a una velocidad gigantesca en los últimos 30 años y, ese acortamiento de pasos, nos ha llevado a lo que estamos viendo ahora y es que Estados Unidos tiene una imposibilidad para tomar decisiones de fondo. En lo que resta del año las confrontaciones van a seguir aumentando de tono porque Donald Trump va a utilizar esto como su caballo de batalla para la reelección presidencial, es decir, culpabilizar a China, responsabilizarla, en un contexto en el que China, de hecho, tiene alguna responsabilidad. En este escenario, queda abierta una dificultad asociada a la gestión del liderazgo global.  

 

P. ¿Cuál es el papel de Colombia en todo esto?

 

R. Es un jugador secundario y su liderazgo en el área científica recae en las universidades. Si bien hay un sistema de ciencia y tecnología que ha ido creciendo en las universidades, estamos realmente lejos de los líderes en innovación científica de América Latina, que son México y Brasil. 

 

P. ¿Qué hace falta entonces para mejorar esa producción de conocimiento?

 

R. Aunque Colombia tiene un sistema modesto, podría funcionar, pero eso requiere muchísimo dinero, inversión y gran dedicación para poder tener un gran papel en la formación de científicos modernos. También tenemos problemas mucho más serios como el uso de la opinión pública frente a la información científica, hace falta un debate científico abierto desde el papel de la ciencia. 

 

Y si bien, la flaqueza en los sectores que integran el universo científico y tecnológico en Colombia ha sido manifiesta durante décadas, la vuelta de tuerca se advirtió con la transformación del otrora Colciencias en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, MinCiencias. Se trata de una alianza, sin duda inaplazable, entre los actores de la producción del conocimiento científico: las universidades y sus departamentos de investigación, gobierno, sector privado y sociedad. Adjunto a este esfuerzo está Todo es Ciencia –portal en el que está usted leyendo esta entrevista ahora mismo–, parte de la estrategia de comunicación pública de la ciencia de este nuevo ministerio y un empeño para conversar y escuchar el lenguaje científico en palabras simples, con la necesidad urgente de reflexionar el asunto con la mayor cantidad de gente posible.

 

P. Colombia es una potencia en biodiversidad, ¿de qué nos sirve eso?

 

R. Es un acto de fe. No hemos sabido cómo sacarle partido. Le han sacado más partido los asiáticos y otros científicos que llegan al país a buscar información, pero hasta ahora no se ha dado un uso importante de esos recursos o esa información.

 

P. Algunas universidades han cumplido un papel importante como gestores de la ciencia durante esta crisis.

 

R. Es parte del papel que se espera de las universidades, que logren asumir los retos de las sociedades y convertirlos en aplicaciones tecnológicas de respuesta rápida. El obstáculo reside en: qué tanto apoyo reciben del Estado y en qué tanta capacidad tienen los empresarios que puedan invertir para convertir esto en una respuesta rápida. Lo que ha destapado este momento de crisis, es la dependencia industrial para la producción de insumos médicos y, no solamente en Colombia, sucede en España o Francia, países ricos que, además, tienen una infraestructura industrial importante, pero que, de alguna forma se habían quedado rezagados en la producción de su propia capacidad industrial. 

 

Las películas de virus iban y venían, sí, por supuesto, pero las observábamos como una ficción tan descabellada como una película de viaje a las estrellas o tan potencialmente realistas como Contagio. ¿Advertencias repetidas de expertos alarmando a la población sobre un futuro espinoso?, a cada rato, claro, pero son recurrencias de personajes en batas blancas, que pasan su tiempo observando un mundo en lo invisible, encerrados en laboratorios, aprendiendo para enseñarnos a los demás. Sin embargo, la realidad llegó, tal como observamos la pantalla en este mismo instante. Apareció en China hace unos seis meses y las advertencias y las películas y alguna porción de aquellos escenarios del fin del mundo se comenzaron a amasar y, de repente, un día aparecieron los casos en Colombia y cuando todo parecía una cosa que, como con casi todo lo que vemos del otro lado del mundo, no iba a pasar de una noticia más, llegó el aislamiento obligatorio y el mundo cotidiano dio un portazo y cerró con un estruendo del que todavía escuchamos un rumor. Los laboratorios más avanzados del mundo se encuentran entregados a la búsqueda pronta de una solución en forma de inyección, pero algunos, quizás los más desesperados, aún están esperando a que todo se solucione tan de repente como en las películas. El problema es que la pandemia golpeó a todos por igual y no perdió el tiempo en distinciones. Ya cruzó como una fuerte bofetada por el primer mundo y este aún se recupera frágil como se levanta cualquiera luego de un desmayo, eso sí, del peor desmayo de su historia reciente. Ahora, América Latina se está convirtiendo rápidamente en el epicentro mundial. A ver cuánto duramos de pie en el ring, pero nada, como dice el personaje de Federico Luppi en la película Lugares Comunes, “menos de lo que tenemos no vamos a tener”.

 

 

Camilo Molina. Escritor y fotógrafo. Autor del libro Los Muchachos de García y reciente colaborador en Todo es Ciencia. Periodista de profesión y Especialista en Gestión y Planificación de Medios. Actual estudiante de maestría en escritura creativa con la universidad Eafit.

 

 

Ilustración de Santiago Rivas

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