La diáspora científica colombiana: al filo de la oportunidad

Author: lfladino Fecha:Noviembre 18, 2020 / Etiquetas: Ciencia

Por Bryann Avendaño

 

Shakira, Juanes y Falcao son algunos nombres cortos de personas que cualquier colombiano escucha y le suena conocido. Probemos con Diana Trujillo, Guido Parra, Adriana Ocampo, Cristian Samper o Camila Bernal, ¿nos suenan?, ¿has escuchado estos nombres? Quizás no es fácil que sepas quiénes son, a diferencia de los primeros nombres mencionados; por ello, en adelante voy a contarte por qué vale la pena conocerlos. Todos ellos no tienen nombre corto o artístico, pero tienen una larga trayectoria en un campo científico de estudio. Sí, ellos son científicos colombianos que están luciendo el nombre de nuestro país en distintos continentes. Todos tienen en común que nacieron en Colombia y su nombre ha tomado relevancia en la academia, a puro pulso. También tienen en común que son emigrantes para pertenecer a las grandes ligas de la academia en sus respectivos campos de estudio. Han salido del país hace un tiempo para continuar sus estudios de posgrado en instituciones de alto nivel y, hoy en día, ocupan posiciones de prestigio en institutos de investigación o universidades donde su nombre está entre las conversaciones de los estudiantes en los pasillos o en los galardones que representan orgullo personal e institucional. 

 

Como ellos, hay otros 119.475 colombianos en el exterior, que corresponde, según datos actuales, al 0.2 % de la población colombiana. Solo en 2019 casi 26.000 ciudadanos viajaron para cursar estudios en el exterior. A pesar de que estas cifras parezcan amplias y hagan pensar inmediatamente en una fuga de cerebros masiva, las historias de científicos que logran migrar a un país, estudiar, adaptarse, trabajar y establecerse para representar su campo de estudio a nivel mundial, aún sigue siendo poco conocida en el común del ciudadano colombiano. Ojalá algún día, así como hablamos de fútbol y pop, la ciencia en nuestro país también sea un tema frecuente y los nombres mencionados anteriormente, sean tan conocidos como los artistas y futbolistas que han ilustrado el talento criollo en el exterior. 

 

María del Pilar Lemus, por ejemplo, es una de las inmunólogas que trabaja incansablemente en el desarrollo de vacunas en Estados Unidos. Ella, junto a sus colegas del Centro de investigación para el cáncer Fred Hutchinson, trabaja silenciosamente en su laboratorio en la loable misión de desarrollar la vacuna para enfrentar la pandemia actual por coronavirus (COVID-19). Sintámonos orgullosos de esta científica colombiana desde ya, conozcamos su historia y rindamos homenaje a la ciencia hecha por nuestros compatriotas, que con gallardía nos está posicionando como un talento excepcional en la academia global. 

 

 “Triunfar” en el exterior no es cuestión de suerte, es toda una construcción que combina talento, perseverancia y constancia. Tener la valentía de salir del país en búsqueda de nuevas experiencias, adaptarse y sobresalir en un lugar distinto al conocido y cómodo hogar, viajar muchas veces solo y sin conocidos en el lugar destino o simplemente acomodarse a la rutina y cultura de otra ciudad; todos constituyen un impulso de determinación. Todo ello es común entre los migrantes, pero adicional a esto, el dominio de un idioma distinto al materno no solamente para tener conversaciones diarias sino académicas, requiere mucha dedicación y preparación. Generar nuevo conocimiento en un área particular, como el caso de los estudiantes de doctorado, requiere interminables horas de lectura y estudio, escribir artículos científicos, participar en conferencias y publicar, requiere entrenamiento para escribir y una formación especializada para convencer de que su trabajo tiene el potencial de expandir las fronteras de la ciencia conocida. 

 

Los científicos colombianos que viven en el exterior afrontan retos que les forman en carácter y disciplina para alcanzar sus ambiciosas metas profesionales en ambientes altamente competitivos como los sistemas educativos europeos, norteamericanos y asiáticos. Conoce algunas historias de compatriotas que cursan el más alto nivel educativo en el exterior, su coraje es reflejo de nuestra cultura apasionada y visionaria, una cultura de empuje y optimismo, lo que llamamos en la jerga criolla como berraquera. Del total de países del mundo, solo en 25 no hay un científico colombiano. Esto muestra la capacidad del migrante colombiano para adaptarse, jugándosela por la ciencia en el exterior. Algunos de los investigadores que han salido del país han forjado una carrera de ciencia llevando en su maleta de talentos la recursividad, la capacidad de socializar y trabajar en grupos diversos, y ¿por qué no decirlo? la intrínseca motivación de ver una Colombia mejor en el futuro. Para algunos de esos profesionales migrantes, incluso si ello implica dejar el país de por vida y no regresar, buscar el desarrollo profesional es su cometido. A aquellos que deciden no regresar al país con los conocimientos adquiridos, pero sí aportar desde la distancia, se les conoce como el grupo de la diáspora colombiana en el exterior, en cuyo caso, trabajan para el país donde residen y mantienen sólidas relaciones con Colombia vinculando su actividad científica para beneficio de ambos países.

 

Por consiguiente, la diáspora científica tiene la tarea de construir país, en la medida en que más científicos se forman porque la ciencia y la educación son un motor de transformación poderoso para una nación en crecimiento, una nación en búsqueda de la prosperidad. Una tarea que, tal como Rodolfo Llinas escribió en el Documento Misión de Sabios de 1996, permitirá al país caminar con prosperidad, pues:  “[…] el futuro de Colombia va a estar profunda y directamente relacionado con la capacidad que los colombianos tengamos de organizar la educación; la hija de la educación: la ciencia; y la hija de la ciencia: la tecnología. Sin la menor duda, este entrelazamiento será uno de los ejes principales del futuro de nuestro país en el siglo xxi”. Tristemente, estas palabras requieren liderazgo para evitar que queden solamente retratadas en un documento, en lugar de ponerlas en acción. Porque pareciera que hay un alto porcentaje de los científicos que emigran del país por falta de oportunidades para desarrollar su investigación en ciencia. La solución de esto no parece ser solamente técnica, simplemente aumentando el recurso de inversión nacional en ciencia, tecnología e innovación, esto no basta para transformar el ecosistema científico del país. Requiere, como se retomó la visión en el documento misión de sabios de 2019, que Colombia invierte en un sistema educativo que promueva la ciencia y la tecnología como motores de desarrollo, en donde más niños, niñas y jóvenes encuentren la opción de formarse como científicos, vean oportunidades en la construcción de una carrera científica como su futuro proyecto de vida y puedan en un futuro ser los próximos Diana Trujillo, Guido Parra,  Adriana Ocampo, Cristian Samper o Camila Bernal que construyen país, tanto fuera como dentro de Colombia. 

 

Al país le urge reconocer talentos en el exterior, necesitamos visibilizar los colombianos que hacen ciencia y cuyo talento criollo forja cambios y transformaciones en el mundo, ojalá no solamente se les reconozca cuando sobresalen sino destacar su labor científica siempre y constantemente porque muestran lo mejor de Colombia en sus áreas de trabajo, que pensemos en lo que verdaderamente nos hace ricos como nación, nuestro talento. De esta manera podremos, como escribió William Ospina, encontrar la franja amarilla y estar al filo de la oportunidad, unirnos como población en un orgullo común, un proyecto de país y que la ciencia se ponga de moda. Una moda que pase del papel y de los documentos bien escritos, a la praxis. Hace años se dice que se requiere incentivar estas colaboraciones científicas y atraer de regreso el talento, creando centros de investigación, laboratorios y programas científicos que reúna a los científicos colombianos y retarlos a solucionar problemas de nuestro contexto. Por ejemplo, aún tenemos una deuda muy grande con el estudio de las enfermedades tropicales, los millones de especies nuevas que se describen en la Amazonía y el potencial en bioeconomía que un país basado en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad podría aprovechar. Un país en el que sus ciudadanos puedan estar comprometidos con el progreso del mismo, a través del desarrollo de las ciencias básicas. Un país en el que las grandes mentes encuentran un constante nicho de oportunidades, en medio de tantos retos técnicos y problemas que el país tiene. Un país en el que la investigación básica sea fuente de todo progreso y la juventud se sienta inspirada para ver su realidad, conocerla y querer mejorarla. Todo esto de forma que Shakira, Juanes y Falcao, sean solo algunos de los múltiples referentes y modelos de rol que tengan los ciudadanos en Colombia; muchos miles más serán esos científicos criollos que con determinación construyan nación en cada rincón del planeta, uno en el que nos sintamos orgullosos por aquellos que, a diario, pasan sus días en laboratorios y centros de investigación formándose para un mejor mañana, esos que hoy son los migrantes colombianos en la ciencia.  

 

Bryann Avendaño es Científico de la diáspora en ScienteLab; se dedica al desarrollo y a la educación rural. Es un líder destacado en educación científica (STEM) para América Latina de la red Teach For All. Actualmente es candidato a doctor en Ingeniería de recursos naturales en la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda.

 

Las ilustraciones son de Brian Gómez Molina

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