Clorox esperanza, una limpieza al pensamiento positivo en tiempos de pandemia

Author: erincon Fecha:Abril 14, 2020 / Etiquetas: coronavirus, Clorox, Desinfección, sesgos cognitivos, psicología, recomendado

por Andrés Carvajal

Mientras la pandemia amenaza a la humanidad, los gurús de la felicidad siguen diciendo lo mismo que siempre: ¡Pensamiento positivo! O se la pasan cantando colooor esperanzaaa.  El “pensamiento positivo” es la versión comercial del medicamento genérico llamado optimismo. Se promociona como la cura de la angustia y para prevenir la depresión. Es lo que uno más debe aplicarse por estos días para soportar el encierro y el acecho de la ruina o la muerte. El compuesto principal del “pensamiento positivo” es la idea, justificada o no, de que todo va a salir según lo que esperamos… ah, la esperanza… colooor esperanzaaa, saber que se puede, querer que se pueda. Después de una dosis de pensamiento positivo uno publica en internet cosas como “saldremos de esto juntos”. Y seguro que la humanidad se las arreglará y el nuevo coronavirus será controlado. Pero el problema también puede ser visto de otra manera: no, no saldremos de esto juntos, justamente de eso se tratan las pandemias, de que muchos, muchísimos se nos van a quedar. El pensamiento positivo es placentero a corto plazo, pero en el largo plazo puede frustrarnos. Y esta pandemia va para largo.

Gabriele Oettingen, profesora de psicología de las universidades de Nueva York y Hamburgo argumenta en su ensayo (ojo al título, señor Duque Linares) “No piense tan positivo” que el pensamiento positivo termina siendo perjudicial: “En varios estudios a lo largo de dos décadas, mis colegas y yo hemos descubierto un poderoso vínculo entre el pensamiento positivo y el bajo rendimiento […] Las fantasías positivas engañan a nuestras mentes para que piensen que ya hemos logrado nuestros objetivos, lo que los psicólogos llaman ‘logro mental’. Alcanzamos nuestros objetivos virtualmente y, por lo tanto, sentimos menos necesidad de actuar en el mundo real".

Oettingen y su equipo fueron más allá e hicieron una serie de estudios que prueban una conexión entre el pensamiento positivo y la depresión. Además encontraron que, si bien el pensamiento positivo puede reducir la depresión en el momento, a largo plazo hay una correlación entre las fantasías positivas que se traducen en menos objetivos alcanzados y mayores niveles de depresión. 

Mejor dicho, parece que nuestro Duque Linares Inc. y sus tantos equivalentes más cosmopolitas como Rhonda Byrne, autora de “El secreto”, la biblia universal del pensamiento positivo, a la larga lo que nos han estado vendiendo es pitahaya para tratar la diarrea.

Embolatar el reconocimiento de las emociones con “positivismo” es justo lo contrario a lo que recomendó Johana de la Ossa, psicóloga, profesora e investigadora en una charla con Todo es Ciencia a propósito del aislamiento. Lo que ella sugiere es “ver esto como una oportunidad de estar con nosotros: identificar qué siento, qué experimento".

El relato heroico del pensamiento positivo que nos libra de todo mal tiene, cómo no, su antagonista: alias el pensamiento negativo, cuyo nombre de pila es pesimismo. En esta película, que le encanta a la idiosincrasia norteamericana, quienes tienen este tipo de pensamientos son unos villanos. El mundo ha comprado esta historia cual producción de Hollywood.

Pero el malvado pensamiento negativo tiene sus defensores. Barbara Ehrenreich, doctora en biología que decidió convertirse en escritora y activista social, escribió un libro llamado “Sonríe o muere: cómo el pensamiento positivo ha engañado a América y al mundo”: ya queda claro quién es el verdadero villano para ella. Cuando empezó a escribir sobre el tema, a Ehrenreich le sorprendió lo lejos que la cultura del pensamiento positivo había llegado. Incluso vio de cerca cómo estaba infantilizando a las mujeres con cáncer de mama, que ella misma estaba padeciendo. Al respecto, dijo en una entrevista para la revista New Stateman: “La primera cosa que me hizo pensar que había algo realmente espantoso respecto al cáncer de mama, más allá del pensamiento de morir, fue el hecho de encontrarme en el periódico con un anuncio de osos de peluche rosados con cáncer de mama. No es que morir me dé mucho miedo, pero me horroriza morir con un oso de peluche rosa metido bajo mi brazo. Antes que eso, dispárenme, por favor”.

Aunque en psicología también es taquillera la película del pensamiento positivo, hay una rama, heredera de la tradición pesimista filosófica, que sostiene que la realidad se ve más diáfana a través del lente de la gente triste, así lo anota Julia Reshe, filósofa, psicoanalista y profesora de la Universidad de Tyumen en Siberia, en su ensayo “Realismo depresivo”. Y agrega que desde la psicología social, estudios como este de Joseph Forgas y sus colegas, muestran cómo “La tristeza refuerza el pensamiento crítico: ayuda a las personas a reducir el prejuicio, mejorar la atención, aumentar la perseverancia y, en general, promueve un estilo de pensamiento más escéptico, detallado y atento. Por otro lado, los estados de ánimo positivos pueden conducir a un estilo de pensamiento menos complejo y sistemático. Las personas felices son más propensas al pensamiento estereotípico y confían en clichés simples. Son más dados a ‘seguir la corriente’ y a hacer más juicios sociales debido a sus prejuicios”.

La pandemia, sus agonizantes en soledad, los hospitales de Italia y España colapsados, los muertos en los andenes de Guayaquil, las mascarillas y gafas marcadas en las caras de los médicos y enfermeras, los supermercados con gente vestida a lo Mad Max, los millones de almas encerradas, preocupadas por sus trabajos, sus padres, sus abuelos, el capitalismo que muestra su peor cara, los regímenes que se ponen más autoritarios, que censuran, encierran y disponen sin el control del pueblo, nuestra fragilidad: estos no son los jinetes del Apocalipsis (aún) sino unos timbales potentes que nos anuncian que la realidad está aquí, que nunca se fue a pesar de los destemplados cantos del pensamiento positivo que la intentaron espantar de nuestras mentes. Con todo esto, ¿seguiremos tratando la realidad a punta de pensamiento positivo? ¿Continuaremos pagando la suscripción a la multimillonaria industria del “positivismo” autogratificante que nos vende humo perfumado? 

No pienso que se trate de vivir en la permanente angustia dramática de los extintos emos sino de estar parados con naturalidad en un mundo que nos amenaza con la incertidumbre, de disfrutar con tranquilidad las cosas del mundo que nos siguen gustando, de pensar con lucidez los caminos que ahora pueden abrirse más rápido hacia una sociedad más empática y colaborativa. Esta pandemia está haciendo sonar duro por el mundo las voces que alguna vez sintieron Richie Ray y Bobby Cruz. Nos exigen aguzarnos, ojalá con el pensamiento crítico. Me gusta la manera en que se está reivindicando la ciencia y su pasión por el conocimiento, pero con su manera desapasionada de asumir la incertidumbre.

Al fin y al cabo no se trata de ‘sufrir me tocó en esta vida’, pero tengo pensamiento positivo y color esperanza, sino de ‘agúzate que te están velando’. Agucémonos pues, que nos están velando.

 

Andrés Carvajal. Escritor. Creador de contenidos audiovisuales. Ha escrito sátiras para diversos medios y formatos. Columnista y líder editorial en Todo es Ciencia. Hace parte de Guoqui Toqui, un laboratorio de contenidos audiovisuales. Gurú que enseña a hacer casi tan feliz como los políticos en el canal de YouTube Aprende con Muchotropico.

 

Las ilustraciones las hizo para Todo es Ciencia  X-Tian

 

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