Apocalipsis guasap

Author: erincon Fecha:Enero 26, 2020 / Etiquetas: Redes sociales, Internet

Por Eduardo Arias

El título de esta columna es un poco traído de los cabellos. Pero apunta a un asunto que cada vez preocupa más, y es esa avalancha de mensajes escritos con el lenguaje de la ciencia que inundan las redes sociales y, en particular, WhatsApp.

A cada rato llegan a nuestras cuentas mensajes que, a nombre de la ciencia, divulgan mentiras, tergiversaciones y, en el menos peor de los casos, hipótesis no probadas. Uno que otro es verídico pero se ahoga en ese mar de falsa ciencia manipulada, a veces de buena fe pero muchas otras con fines perversos.

Algunos son bastante chistosos, como el que advierte que "esto sólo ocurre cada mil años" y revela que sólo en 2019 si uno le suma al número del año en que nació el de la edad que tiene el resultado es 2019. El autor con toda seguridad se estaba burlando de los centenares de mensajes que circulan por las redes en que se afirma de manera falaz y sensacionalista que determinado episodio es excepcional y sólo sucede cada 5.000 años.

Pero no todos son bromas. A cada rato circulan mensajes que, hay que decirlo, son un insulto a la inteligencia así estén revestidos por el manto de una redacción que luce muy técnica y científica.

Los hay de varias clases e intenciones. Yo me detendré en tres de ellas a través de ejemplos que me vienen a la cabeza.

1. Están los mensajes que pueden considerarse inocentes. "Esta noche Marte se verá más grande que nunca y esto sólo pasa cada 5.500 años". Más allá de promover una mentira (de hecho ese mensaje circula al menos dos veces al año), en la práctica ni quita ni pone de qué tamaño se vea Marte una noche cualquiera. Sin importar lo cerca o lejos que esté Marte en determinado momento con respecto a la Tierra, a simple vista y aún con binóculos, Marte no es más que un punto bastante brillante en una noche despejada. Alguna vez me llegó uno de esos mensajes marcianos con el siguiente bonus track: "¡Mañana en la noche Marte se verá del tamaño de la Luna!". Sin ser experto en la materia hice un rápido cálculo mental y llegué a la conclusión de que Marte –que según leo al escribir esta nota está a una distancia promedio de 225 millones de kilómetros de la Tierra– debía acercarse más o menos a un millón y medio de kilómetros de distancia de nuestro planeta para verse del tamaño de la Luna. Según el mensaje, ese fenómeno sólo sería visible esa noche en particular. Imaginen no más el paseo de 224 millones de kilómetros que habría tenido que pegarse nuestro vecino del Sistema Solar en apenas 24 horas para hacer realidad el delirio del autor de ese texto. 

2. Una segunda categoría cobija a aquellos mensajes que dan por hecho una realidad científica sin que exista una cita válida que la corrobore. Ejemplo de lo anterior es uno que recibí y divulgué, porque el ejercicio que propone es retador. Consiste en entender textos en los que se escriben las palabras con sus letras en desorden salvo la primera y la última: 

No pdoia cerer que ralemnete etnedína lo que ebtsaa lyeedno. Praa el fnoemnael pdeor de la mtnee hmauna, de aucedro con los iventsagideros de la Uevnirisadd de Cmabirdge, no ipmotra en que odern etésn las lrteas en una palbara, sloo es ipomrtatne que la piremra y la útmila etésn en en lgaur cerortco.

Y, más adelante, otro en el cual se utilizan números para reemplazar ciertas letras. 

P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4 L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LL0.

Hasta ahí, todo muy bien. Lo que ocurre es que en el mensaje se dice que quien pueda leer estos textos tiene muy pocas probabilidades de sufrir el mal de Alzheimer, y citan como fuente al doctor Hugo Valderrama, "un gerontólogo de nivel nacional e internacional". ¿Nacionalidad? ¿Universidad o instituto científico que lo avala? ¿Nombre del estudio donde se demuestra que quienes podemos entender esos textos tenemos muy poca probabilidad de sufrir Alzheimer? Vaya uno a saber, pero como ahí dice "doctor" será creer que es así. 

3. Pero la categoría que más me aterra es aquella en que se manipula a las personas para alejarlas del conocimiento y del pensamiento crítico. Ejemplo de lo anterior es este mensaje que recibí hace un año largo y que decidí guardar. Esto dice en algunos de sus apartes:

"NUEVO SISTEMA EDUCATIVO EN JAPÓN

 Se está probando en Japón un revolucionario plan piloto llamado "Cambio Valiente" (Futoji no henko). Es un cambio conceptual que rompe todos los paradigmas (...)

El programa de 12 años está basado en los conceptos:

- Cero materias de relleno.

- Cero tareas.

Y Solo tiene cinco materias:

1. Aritmética de Negocios.

Las operaciones básicas y uso de calculadoras financieras.

2. Lectura.

Empiezan leyendo una hoja diaria del libro que cada niño escoja y terminan leyendo un libro por semana.

3. Civismo.

Entendiendo éste, como el respeto total a las leyes, el valor civil, la ética, el respeto a las normas de convivencia, la tolerancia, el altruismo y el respeto a la ecología y medio ambiente.

4. Computación.

Office, internet, redes sociales y negocios on-line.

5. Idiomas.

4 ó 5 Alfabetos, Culturas, Religiones, entre japonesa, latina, inglesa, alemana, china, árabe; con visitas socializadoras de intercambio a familias de cada país durante el verano.

¿Cuál será la resultante de este programa?

Jóvenes que a los 18 años hablan cuatro idiomas, conocen cuatro culturas, cuatro alfabetos.

- Son expertos en uso de sus computadoras y celulares como herramientas de trabajo.

- Leen 52 libros cada año.

- Respetan la ley, la ecología y la convivencia.

- Manejan la aritmética de negocios y finanzas al dedillo".

Después sigue una diatriba contra "nuestros jóvenes" que se la pasan pegados a un computador o a la pantalla de un teléfono celular y que no tendrán cómo competir en el mercado laboral con estos portentos nipones. De esa parrafada plagada de lugares comunes rescato esta frase: "Chicos que pasan más tiempo viendo y aprendiendo las estupideces de la Internet, la televisión o partidos e ídolos de "fútbol", que estudiando o leyendo, casi sin comprender lo que leen, y por ello creen que un jugador de fútbol es superior a un científico".

Suena maravilloso. Rescata a los jóvenes de la frivolidad de las redes sociales. Produce ciudadanos del mundo educados en los valores y que leen un libro por semana. Pero si se mira el detalle esta noticia, además de ser falsa, es una invitación a anular por completo el desarrollo del  pensamiento crítico, es decir la capacidad de analizar, comprender y juzgar las afirmaciones, representaciones y explicaciones sobre el mundo. "Cero materias de relleno". Es decir, nada de filosofía, física, química, ciencias naturales, historia, geografía o  literatura. (¿Al fin qué? Cero educación científica porque es un relleno pero se quejan porque los jóvenes de hoy "creen que un jugador de fútbol es superior a un científico"). Gracias al método leerán 52 libros al año. Suena fantástico. Pero, ¿cuáles libros? ¿La crítica de la razón pura, de Kant, o Youtuber school, de Sebastián Villalobos? Vaya uno a saber. Lo que sí es cierto es que hoy, sin necesidad de ese "revolucionario método", los japoneses leen en promedio 47 libros al año, ya que Japón es el país del mundo con más lectores. Hasta en eso miente el mensaje.

Lo más inverosímil es que el conocimiento matemático de las nuevas generaciones de japoneses se reducirá a la aritmética y a los negocios. En este punto me pregunto qué habría sido del Japón si no hubiera educado a millones de sus niños en las ciencias básicas y en las matemáticas que uno empieza a aprender en el bachillerato como álgebra, cálculo infinitesimal y diferencial, trigonometría, todas esas "materias de relleno".

No me imagino a marcas como Yamaha, Mitsubishi, Sony, Toyota, Honda y tantas más que se destacan por sus innovaciones y desarrollos tecnológicos de punta en manos de una sociedad que apenas domina la aritmética necesaria para administrar un puesto de manos libres y cargadores de celular a la salida de una estación de TransMilenio.

Pero quizás los mensajes más peligrosos son los que propagan un terror similar al del fin del mundo. En los últimos meses, varios países de América Latina han sido escenario de manifestaciones y protestas ciudadanas contra sus gobiernos o sus medidas políticas. Más recientemente, Colombia se sumó a esta ola. A raíz del paro nacional que comenzó el 21 de noviembre de 2019, las redes sociales se inundaron de mensajes de los que apoyan la movilización y los que no. Entre ellos, recibí por  WhatsApp el mismo vídeo de un grupo de hombres intentando entrar a saquear a un conjunto residencial y que, según los diferentes remitentes, ocurrió en varios barrios de Bogotá. Las demás redes sociales también se encargaron de replicar este y otros vídeos y fotos, todo fue confuso: Cali y Bogotá vivían algo similar a un apocalípsis. Según los mensajes alarmistas, muchas veces falsos, llamaban a armarse o a encerrarse. Cundió el pánico. 121 años después, se repetía un episodio de La Guerra de los Mundos. Orson Welles habría estado orgulloso. 

De todo lo anterior lo que más me preocupa no son los de por sí muy preocupantes contenidos sino los remitentes. Estos mensajes (y decenas más del mismo tenor)  los he recibido de compañeros del colegio y de la universidad que, me consta, tuvieron excelentes profesores de matemáticas, ciencias y humanidades. Los he recibido de personas que durante años convivimos con el pensamiento crítico y el debate de las ideas, y que ahora replicamos como loros indignados o eufóricos lo primero que encontramos en las redes y en los medios de comunicación. Información inexacta, mentirosa e incluso maliciosa oculta bajo el manto de un lenguaje que la hace pasar por científica y técnica. Esa ola de mentiras disfrazada de ciencia que crece y crece en las redes sociales y en los medios de comunicación es en realidad un devastador tsunami de proporciones apocalípticas.

 

Biólogo dedicado a las comunicaciones. Eduardo Arias ha escrito como periodista acerca de temas de medioambiente y divulgación científica. Ha escrito libros y publicaciones para el Inderena y el Instituto Alexander von Humboldt. También ha escrito varios libros de humor político y fue libretista y argumentista en el programa Zoociedad. En la actualidad es periodista independiente y ejerce el cargo de defensor del televidente de Señal Colombia.

Las ilustraciones son de Nicolás Achury

Las opiniones de los colaboradores no representan una postura institucional de Colciencias. Con este espacio, Todo es Ciencia busca crear un diálogo de saberes para construir un mejor país.

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